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La protección suprema de los Derechos Humanos

Por Ivan Espino Pichardo

Se ha terminado el discurso. La importancia del ser humano en sí mismo, la valía de la dignidad de las personas sobre las determinaciones arbitrarias de quienes ostentan el poder, y la protección amplia y real de todos los individuos: hoy, es tangible; la protección de los derechos humanos ha dejado de ser una discurso que convence, para ser un instrumento de protección del pueblo mexicano.
Fue en el pensamiento de Thomas Hobbes, donde nació la idea de que el ser humano se encuentra en la cima de la cadena alimenticia, sin embargo, el depredador del ser humano es él mismo. Desde esta forma de concebir al mundo, es entre los integrantes de la gran familia humana donde se da la exclusión, el terror y el exterminio. La historia con sus múltiples genocidios respaldan está idea. Detener la destrucción entre las propias personas, es quizá lo que justifica la existencia del Estado: un tercero frente al conflicto entre dos partes, para asegurar la vida, la libertad y los derechos que todo ser humano tiene, por el sólo hecho de serlo. Pero es en esa razón de existir, donde se halla un riesgo probable: ser el Estado el que viole los derechos y libertades de las personas; ser el principal destructor de los integrantes de la gran familia humana. Detener esa probabilidad ha sido prioritaria para los estados democráticos, preocupados en garantizar la seguridad de las personas como individuos frente a la omnipotente estructura del poder, y México es un pueblo ejemplar en la construcción de mecanismos para detener o cesar esa probabilidad.
El juicio de amparo es el medio supremo de defensa que el pueblo mexicano tiene para proteger sus derechos humanos, ejercer su dignidad humana frente a los actos arbitrarios del Estado, esto es, ser tratados como personas en sí y no instrumentos o medios para los fines autoritarios de una o un grupo de personas que tienen desde la estructura del poder, la posibilidad de tomar decisiones que afecten a una o más personas.
El juicio de amparo es la herramienta suprema que tenemos como mexicanas y mexicanos para frenar al Estado autoritario, por sus actos, omisiones y normas que implique la violación de nuestros derechos. La Suprema Corte de Justicia de la Nación, protege nuestros derechos humanos por medio de las sentencias que resuelven el juicio de amparo, actuando en el marco de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y en todas aquellas normas internacionales que estén reconocidas por México que protejan de la manera más amplia los derechos de las personas, ello implica, que la protección de los derechos humanos no está a la voluntad del criterio o a libre arbitrio de una o varias personas, sino a lo que mandata una norma suprema que tiene como finalidad proteger a las personas de la manera más amplia, en un marco de garantía a la dignidad humana.
Sin embargo, para el ejercicio pleno de ese control, que es detener la probabilidad de que el Estado afecte los derechos y libertades de la gran familia humana, debe darse un paso indispensable: que todo el pueblo mexicano conozca la posibilidad de acudir a los tribunales federales cuando un acto, omisión o norma viole sus derechos humanos; Tribunales que emitirán sentencias, no para que inviten a la autoridad responsable a modificar su proceder, sino para ordenar la suspensión del acto que está causando la violación de nuestro derechos, o bien para repararlo. Está en las manos del pueblo mexicano el instrumento, para proteger de manera suprema, nuestros derechos humanos.

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